Nuestra historia

Érase una vez una taberna, madrileña y castiza, llamada La Ancha, regentada con gracia por don Santiago Redruello Parrondo.

Un mediodía de 1970, un cliente de nombre Armando (argentino, che) pidió el escalope empanado más grande que le pudieran servir.

Aunque a Santiago la petición le extrañó, ni por un segundo dudó en acatarla. En el fondo, Santiago llevaba años deseando que alguien entrara por la puerta y le pidiera el escalope empanado más grande posible.

Escalope Armando 40cm

En cocina prepararon una pieza de ternera tan fina y extensa que necesitaron una paellera para freírla. No querían, no podían renunciar a la textura ideal que un buen escalope requiere: crujiente por fuera, tierno y mantequilloso por dentro, sabrosísimo todo él, desde el centímetro 1 hasta el 40.

En cuanto Santiago sirvió la pieza a Armando y vio su cara de gozo tuvo claras dos cosas. Una, que a partir de entonces esos grandes escalopes, capaces de despertar emoción y alegría al aterrizar a la mesa, debían quedarse en la carta. Dos, que llevarían el nombre de ‘Armando’ en honor a ese cliente feliz y glotón.

Han pasado 50 años desde aquello y el espíritu de Armando sigue más vivo que nunca. Sólo ha cambiado un detalle. Los escalopes Armando se sirven, aparte de en las mesas de nuestros restaurantes, en las de las casas de nuestros comensales.

Simplemente deseábamos trasladar a los hogares esta experiencia gastronómica y lúdica, y recordar aquellas sensaciones que experimentábamos en nuestra infancia al ver llegar desde la cocina un gran plato de escalope. Y evocar el placer de devorarlo centímetro a centímetro, y rememorar la sensación de victoria cuando lo acabábamos.

Sólo eso.

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Ponte fino.